El Príncipe Sakyamuni

Sakyamuni, un príncipe joven y feliz a quien le habían ocultado las enfermedades, la vejez, la muerte, sale para dar un paseo y se encuentra a un viejo feo, desdentado y cubierto de babas. El príncipe, que no había conocido hasta ese momento la vejez, se sorprende y le pregunta al cochero qué significa eso y cómo es que ese hombre ha llegado a un estado tan lamentable y repulsivo. Y cuando descubre que ésa es la suerte común de todos los hombres, y que también a él, joven príncipe, le aguarda lo mismo, no puede continuar con el paseo da la orden de volver a casa para reflexionar sobre todo aquello. Y se encierra solo, y reflexiona. Y probablemente encuentra algún consuelo, puesto que de nuevo sale a pasear, alegre y dichoso. Pero esta vez se encuentra con un enfermo. Ve a un hombre demacrado, lívido, tembloroso, con los ojos turbios. El príncipe, a quien le habían ocultado las enfermedades, se detiene y pregunta qué es eso. Y cuando se entera de que eso es la enfermedad, a la cual todos los hombres están expuestos, y de que, también él, príncipe sano y feliz, puede caer enfermo desde mañana mismo, siente de nuevo que le faltan ánimos para alegrarse, da la orden de volver a casa y vuelve a buscar la tranquilidad; sin duda, la encuentra, puesto que, por tercera vez, sale a pasear; pero también esta vez le aguarda un nuevo espectáculo: ve que están transportando algo. «¿Qué es eso?». «Un hombre muerto». «¿Qué quiere decir muerto?», pregunta el príncipe. Le explican que estar muerto significa convertirse en lo que se ha convertido ese hombre. El príncipe se acerca al muerto, lo descubre y lo mira. «¿Qué será de él ahora?», pregunta el príncipe. Y le dicen que lo enterrarán. «¿Por qué?». «Porque nunca volverá a estar vivo, y no saldrán de él más que gusanos y hedor». «¿Y ése es el destino de todos los hombres? ¿Me sucederá a mí lo mismo? ¿Me enterrarán, y despediré hedor, y los gusanos me comerán?». «Sí». «¡Atrás! No quiero ir a pasear, nunca más volveré a pasear». Sakyamuni no podía encontrar consuelo en la vida. Decidió que la vida era el más grande de los males, y empleó todas las fuerzas de su alma en liberarse de ella y liberar a los demás, de manera que después de la muerte la vida no se renovara, para aniquilar la vida por completo, de raíz. Eso es lo que dice la sabiduría india. Ésas son las respuestas directas dadas por la sabiduría humana a la cuestión de la vida.

«La vida del cuerpo es un mal y una mentira. Por eso la destrucción de la vida del cuerpo es un bien, y debemos desearla», dice Sócrates

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